Reportaje: Esclavos del siglo XXI
Julio 5, 2008

California es tierra de esclavos
Por su cercanía a la frontera mexicana y la enorme demanda de mano de obra, California se ha convertido en el destino más importante de los traficantes de personas, según la Alianza Californiana para el Combate del Tráfico y la Esclavitud.
Tan sólo en el condado de Los Ángeles, se estima que alrededor de 14 mil personas son víctimas de esclavitud, un fenómeno social que, según expertos, llega a generar hasta 9,500 millones de dólares al año en ganancias.
“Sabemos que es el tercer negocio más lucrativo después de las armas y las drogas. Quien trae un cargamento de drogas o de armas, lo vende y se acabó su negocio; pero quien trae personas, las explota, las comercializa, las utiliza para sus propios deseos sexuales y cuando ya no las quiera, las vende. Es una industria que les deja miles de dólares a los delincuentes” detalló el teniente Carlos Vélez, titular de la unidad Contra el Trafico de Personas del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD).
A diferencia del pollero, quien es castigado por cometer un delito contra el estado al introducir personas ilegalmente a un país, el tratante de blancas comete un crimen contra los individuos, al privarlos de su libertad, explotarlos e iniciar una esclavitud con fines laborales, sexuales o ambas.
Cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) indican que el 56% de las personas que son víctimas de explotación laboral, sexual o comercial, son mujeres y niñas.
“Los tratantes escupen y se burlan de los polleros [contrabandistas de personas], porque se sienten más inteligentes, saben que sus ganancias no acaban cruzando inmigrantes por la frontera; al contrario, ahí apenas comienzan las buenas ganancias”, destacó Marissa Ugarte, directora del Corredor Bilateral de Seguridad en San Diego que atiende a víctimas.
Para Kevin Bales, experto en el tema de trata laboral, la corrupción es el indicador estadístico por excelencia que muestra qué tan grande puede ser el problema de la esclavitud en un país.
Sin embargo, lo que los expertos se preguntan es, ¿qué tan profunda será la esclavitud entre un país como EU, que se niega reconocer su propia corrupción y una frontera con México donde el dinero y las influencias lo compran todo?
“Claramente existe la corrupción a lo largo de todo el mundo, pero yo no creo que este sea un problema endémico en Estados Unidos o que exista complicidad con los traficantes”, comentó a La Opinión el embajador Mark Legon, titular de la agencia contra el tráfico de personas del Departamento de Estado, asignado por el presidente George W. Bush.
Las afirmaciones de Legon, quien ha recorrido el mundo combatiendo el tráfico de humanos, aunque reconoce que nunca ha recorrido la frontera sur de su país, contrastan con los reportes recientes de varias organizaciones que evidencian el incremento en la corrupción después del aumento de control fronterizo entre Estados Unidos y México.
En 2004 fueron procesados 17 agentes relacionados con la corrupción; en 2005, 35 ; para 2006 la suma había aumentado a 56 individuos procesados y además, hasta finales de ese año, casi 40% del personal del Departamento de Seguridad Interna (DHS) estaba bajo investigación de corrupción, según detalla un reporte de asuntos internos de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
Michael Maxwell, quien renunció a su puesto de jefe de Asuntos Internos del DHS en 2006, testificó en abril de ese año ante el Congreso que “nadie toma en serio la corrupción, que desafortunadamente, lo invade todo”.
Según indican los archivos de las investigaciones contra los agentes corruptos, las cuotas que algunos agentes cobraban por dejar pasar una libra de cocaína eran de 2,500 dólares. Sin embargo, quienes se han aliado con contrabandistas humanos han llegado a tener contratos de hasta 20 mil y 50 mil dólares.
“Un problema serio es que este país no quiere ver. El aumento de nuestras medidas de seguridad fronteriza ha incrementado la corrupción de sus agentes y, gracias a esa creciente corrupción, ahora no sabemos quién está cruzando nuestras fronteras, si un criminal, una víctima o un terrorista”, declaró José Zebedeo García, profesor de Estudios Fronterizos de la Universidad Estatal de Nuevo México.
En lo que va de este año, tres agentes fronterizos en California han sido acusados de colaborar con el tráfico de indocumentados.
A esta situación se suma México, donde se hace poco por combatir la corrupción, según el informe Global Integrity Report 2007, que tiene catalogado a este país entre los más débiles del mundo en su lucha contra la corrupción.
En México (donde hasta noviembre pasado no existía el delito por trata de personas, ya que la ley no lo había tipificado), al amparo de la corrupción, el tráfico de drogas y humanos trabajan de la mano.
La Procuraduría General de la República (PGR) reportó que en un año tuvieron que ser investigados cerca de dos mil de sus agentes especiales, por estar relacionados con grupos de traficantes de personas.
En diciembre, dos agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) fueron capturados por enriquecimiento ilícito, a base de la trata de personas, principalmente mujeres dedicadas al sexo servicio y bailarinas de table dance de Centroamérica.
Los detenidos, Óscar Manuel Navarrete Orozco y su esposa María América Maldonado Alfaro, agentes del INM desde hace 18 años, usaban su credencial de empleados para cobrar fuertes sumas de dinero y ofrecer protección a mafias colombianas, chinas y centroamericanas.
“Definitivamente, entre la frontera de México y EU se mueve el gran mercado. Es absurdo negar que existe un serio problema de corrupción y, por ende, una extensa red de traficantes operando en esa zona. Es lamentable que los esfuerzos entre México y EU se enfoquen en política, en inmigración ilegal y se olviden del hecho principal, el aspecto humano”, declaró Vera Mijojlic, especialista en trata laboral de mujeres en el sur de California.
Reporte Especial / Claudia Núñez / La Opinión



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