Felipe: control; Manlio: acción; Marcelo: bajón
Junio 16, 2008

- Calderón ata al PAN, riñe a Banxico y quiere que la Corte le dé Cofetel; Beltrones decide
- Desviado, el necesario debate sobre baja de tasas de interés y venta de reservas
Con la atención puesta en la evaluación electoral de 2009, el presidente Felipe Calderón afirma sus controles sobre su partido con el cambio del líder senatorial del PAN; tiene una salida en falso al incitar públicamente al Banco de México a bajar tasas, con lo cual hace más remota una medida que podría paliar el deterioro económico de los electores, y envía a un subsecretario de Comunicaciones a quien pretende que la Corte coloque en Cofetel (Comisión Federal de Telecomunicaciones) a recordarles a los ministros todo lo que ha hecho y seguirá haciendo el Ejecutivo por el Canal Judicial.
Independientemente de la pertinencia o la eficacia, la pulcritud o la elegancia de estos hechos y estos dichos del Presidente, todo hace pensar —además de en la coyuntura electoral— en un discurso de restauración de los controles del poder presidencial de otras épocas: el partido del gobierno como una dependencia más del Ejecutivo, la banca central al servicio de las decisiones presidenciales, un Poder Judicial dócil a los designios del gabinete y nuevas condiciones para el ejercicio de facultades discrecionales en el campo de las comunicaciones, con especial atención a la regulación de los medios.
Por su parte, en nombre del PRI —para 2009— y en nombre propio —para 2012— Manlio Fabio Beltrones, el jefe de los senadores (y de los diputados) de ese partido —y de buen número de diputados y senadores de otros partidos—, parece sacarles provecho a las nuevas condiciones políticas, más que pretender corregirlas, al menos por ahora.
Y es que, por ahora, Beltrones ejerce poderes que antes eran exclusivos del Presidente. Desde el control del Congreso, decide o negocia buena parte de los nombramientos más sensibles del Ejecutivo; con la anuencia de Los Pinos y de Hacienda, canaliza recursos presupuestales en los estados en función de sus alianzas; con su gran movilidad y astucia políticas, aparece mediando o arbitrando entre los más altos funcionarios del gobierno y de las entidades autónomas del Estado; con su juego fuerte, condiciona resoluciones del Poder Judicial y además destraba acciones del sistema político en sus relaciones con el sistema mediático, que el Ejecutivo ha embrollado en el marco de la lucha de la Secretaría de Comunicaciones por reconcentrar las decisiones que legalmente le corresponden a Cofetel.
PRI de Manlio, sobre PAN y PRD
En otras palabras, el gobierno panista de Calderón se empeña en controlarlo todo, a veces tan tardía, ostentosa y costosamente, como ocurre ahora con el cambio de coordinador de su partido en el Senado. Es cierto que la disfunción del líder saliente, para el PAN y su gobierno, puede medirse en el volumen de los lamentos del PRI y del PRD por su salida. Pero lo que eso deja de relieve es en todo caso la impertinencia de haberlo nombrado y de haberlo dejado por tanto tiempo, así como la inoperancia de los sistemas tradicionales de control político, que no controlan nada y en cambio consumen las energías para la acción sustantiva.
Mientras tanto, el liderazgo priísta de Beltrones decide, actúa, negocia, reparte recursos y, esta semana, satisface peticiones de contrapartes tan influyentes como la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, que en su encuentro de hoy en Monterrey seguramente aclamará una iniciativa personalmente presentada y gestionada por el efectivo senador del PRI. Con ella, Beltrones les da garantías a los concesionarios de estaciones de AM de que tendrán concesiones de FM —abriendo excepciones a las tan celebradas normas que impusieron la licitación incluso para renovar concesiones— excepciones que antes sólo otorgaba discrecionalmente —junto a las concesiones de radio y tv— el poder presidencial.
Todo ello contará para la evaluación electoral de 2009 y 2012. Como, en otra contabilidad, ya empieza a contar no sólo la caída en picada a que ha llevado al PRD el liderazgo caudillista de Andrés Manuel López Obrador, sino la baja perceptible que empieza a tener la figura mejor posicionada de ese partido: el jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Con la encuesta reciente de EL UNIVERSAL en ese sentido, han coincidido otras en que se viene abajo la percepción de liderazgo de Marcelo Ebrard, en la medida en que cada vez más gente lo percibe atado a la jefatura de su antecesor. A pesar de todos los recursos que ofrece un gobierno como el de la capital de la República para crecer, y a pesar de una gestión gubernamental en varios aspectos imaginativa y con signo propio —correctiva del tiradero que le dejó AMLO— la docilidad con que Ebrard ha puesto los recursos de la ciudad al servicio de la estrategia del caudillo frente a la reforma petrolera empieza a costarle también ya —y mucho— en las percepciones sobre su honestidad, su capacidad y su sensibilidad social.
En estas condiciones, tanto el PAN de Calderón como —en mucho mayor medida— el PRD de AMLO y Marcelo están dejando que pase sobre ellos el PRI de Beltrones en las evaluaciones de 2009 y 2012.
Tasas y desviación del debate
El paso en falso de la declaración presidencial en el sentido de que podría ser conveniente que el Banco de México bajara sus tasas de interés —que acumula ya dos semanas de rechazo generalizado— nos puede afirmar en la convicción de una ausencia de estrategia de comunicación, que esta vez desvió un debate necesario. Y nos puede llevar a lamentar que en lugar de ese debate necesario la agenda se haya deslizado a una innecesaria canonización de la autonomía del Banco de México entendida como autarquía en que se quiere hacer aparecer a nuestra banca central como un ente aislado, autosustentado e independiente de las aportaciones del debate público.
Es cierto que el Presidente —otra vez, en el discurso de la restauración de los poderes presidenciales del pasado— no era el indicado para abrir este debate. Pero eso no quita que para los mexicanos sería, en efecto, conveniente que el Banco de México atendiera a las demandas de baja de las tasas de interés. Con una economía que penosamente crece a la mitad del promedio de crecimiento de la economía latinoamericana —con los efectos que esto está teniendo ya en la pérdida de empleos, complicada con el alza de precios de los alimentos— no sólo habría que debatir el tema de la baja de las tasas, como se lo demanda el Ejecutivo al Banco de México, sino también el de la utilización en prepago de deuda de una parte de los 80 mil millones de dólares en reservas internacionales, como se lo plantea el Banco de México al Ejecutivo. Y es que el sostenimiento de esas reservas le cuesta al país alrededor de 4 mil millones de dólares anuales por el diferencial de 7% que paga el gobierno en la emisión de Cetes y 2% que reciben sus depósitos en dólares.
Un tema más en espera de un debate racional, al margen de los dogmas de unos y de otros.



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