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Agenda del debate

Mayo 29, 2008

00180 Agenda del debate
Por José Carreño Carlón / Opinión
- Corre, Felipe, corre(en una banda sin fin)
- Riesgo, insistir en que el gobierno va en sentido correcto aunque no avance
- Letal, una oferta calderonista de males menores frente a la crisis

A primera vista, el presidente Felipe Calderón podría recordar la memorable película de Tom Tykwer, Corre, Lola, corre, en la que Franka Potente vuela por las calles en su veloz búsqueda de salidas para el chavo que está a minutos de ser ejecutado por unos gángsteres. Sólo que a diferencia de la cinta alemana, en la mexicana el gobernante Calderón aparece y corre sólo para mantenerse en el mismo lugar y mantener al gobierno y al país en pie mientras el piso se mueve en sentido contrario con viejos y nuevos problemas que hacen crisis cada día.

En una también llamada década perdida —la enmarcada en la crisis mundial de la deuda de los 80 del siglo pasado— un presidente colombiano, Belisario Betancourt, dijo ante el Congreso mexicano que los gobiernos de América Latina no podían dejar de correr. Pero no para avanzar en la solución de sus problemas —aclaraba—, sino simplemente para no caer, colocados como estaban sobre una banda sin fin de desafíos cotidianos jalando con fuerza a nuestros países hacia atrás, hacia su derrumbe.

Así, más en la metáfora de Betancourt, Calderón trataría de remontar otra década perdida, enmarcada —según al nuevo libro del ex presidente Salinas— en el desperdicio que hicieron los dos sexenios anteriores de las grandes expectativas y oportunidades de consolidación que tuvo y no aprovechó el país, y que le hubieran permitido llegar menos vulnerable a la encrucijada actual.

En el mes que termina este sería el reporte de las carreras del presidente Calderón por las rutas que llevan de un conflicto a otro y de uno a otro punto del país:

1) En la agenda de la presente semana le resultó impostergable admitir los estragos de la crisis de los alimentos básicos, con el anuncio de una serie de medidas de emergencia, a altos costos fiscales pero de previsibles efectos para al menos paliar la crisis en los grupos más afectados, con no despreciables, si bien polémicos, efectos electorales.

2) La semana anterior le hizo frente a la ya inocultable crisis en materia educativa con una serie de compromisos importantes, pero cuya instrumentación permanece en entredicho, dado lo poco confiable de las contrapartes de tales compromisos: una líder y una corporación sindical más dados a activar la reversa de la banda sin fin que a propiciar los avances del país.

Poderosa reversa de la banda

3) Mayo cierra con nuevas, dramáticas marcas de víctimas en la guerra del gobierno contra las bandas criminales: es el mes más violento en cinco años, de acuerdo a los cálculos de EL UNIVERSAL del martes, con 370 ejecuciones atribuidas a la delincuencia organizada en los primeros 26 días, además del récord de 34 muertos en una sola jornada, del sitio que paralizó a Ciudad Juárez el fin de semana y la sangrienta emboscada del martes que cobró siete vidas más de agentes federales en Culiacán.

4) Transcurrida casi la mitad del año, no se ve claro si el gobierno y su partido lograrán abrirle paso a su reforma petrolera, no obstante que —para mencionar sólo algunos más de los inyectores de la potente reversa de nuestra banda sin fin— los subsidios a la importación de gasolina y la caída en la producción han esfumado las ganancias previstas por el alza del crudo, mientras los legisladores no aciertan a remover los obstáculos legales que apuntalan los estrangulamientos de esta industria vital.

5) En estos cinco meses, los pronósticos inflacionarios apuntan ya a superar las estimaciones anuales del presupuesto, todavía sin considerar los riesgos de un nuevo flamazo expansivo de los precios a causa de la aún no contenida alza internacional de los alimentos, las gasolinas y otros —innumerables— productos derivados del petróleo.

Ante la velocidad que alcanza esta poderosa reversa de la banda sin fin sobre la que se encuentran el país y el gobierno, la carrera también sin fin del Presidente sobre la banda le permite mantener, en efecto, al gobierno y al país en pie, pero no avanzar.

Dos estrategias discursivas sostienen los desplazamientos presidenciales por el temario nacional. Una de orden programático que, a pesar de todo, no deja de ver hacia delante. La reafirmó esta semana con su descripción de un futuro deseable y aún alcanzable. Si avanza la agenda de reformas en los sectores energético, laboral, educativo y de telecomunicaciones, ofreció, se podrán alcanzar en unos años tasas de crecimiento de hasta 6%, o aún mayores. La otra estrategia discursiva, la posibilista o resignada podría resultar más bien derrotista. Es la que suele acompañar los anuncios gubernamentales con el énfasis en que, si bien puede no haber resultados significativos, se inscriben ya en el sentido correcto.

Pero el hecho de no avanzar tiene costos políticos y electorales imposibles de pagar con un discurso en el que se proponga —por comprobable que llegara a ser— que, con tantos condicionamientos adversos, el estancamiento con la vista en el sentido correcto debe verse casi como un logro, por el esfuerzo que supone no retroceder demasiado ni caer ante la velocidad de la banda en sentido contrario.

Dos décadas perdidas y un discurso

En la década perdida de los 80, el gobierno insistió en una oferta de males necesarios ante la crisis de la deuda. Con un discurso en el que se aseguraba que con aquellos males menores se estaban impidiendo males mayores a la población. Ello podía ser cierto, pero lo que no impidió ese discurso fue el principio del fin del sistema de partido dominante, o de partido “casi único”, como lo llamó el entonces candidato en apuros Carlos Salinas.

Mientras que hoy, tras la más reciente década perdida, respuestas similares ante el empeoramiento de las condiciones de vida, por carestía de alimentos y pérdida de empleos, más una percepción de descontrol de los aparatos de seguridad frente al crimen y de falta de operatividad política del gobierno para abrirle paso a su programa, podrían poner en riesgo los avances del sistema democrático y de las nuevas reglas de la lucha por el poder.

Un escenario así serviría a la estrategia antisistema que apuesta a exhibir el fracaso del gobierno de Calderón en todos esos frentes y el fracaso mismo de las instituciones democráticas, mandadas al diablo por el líder de esa estrategia. Frente al movimiento rupturista de Andrés Manuel López Obrador no basta con la retórica de que se está en el sentido correcto aunque no se camine, o de que, con el deterioro a la vista se evita uno todavía peor.

Y tampoco funcionan las cuentas alegres que celebran la caída en las encuestas de un caudillo que no se ciñe a las reglas del juego electoral y que además puede apostar a una caída electoral mayor del gobierno y su partido en un no descartable escenario de deterioro acelerado de las condiciones de vida de la población.

jose.carreno@uia.mx

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